1. "My five dream jobs:
1. NME journalist, 1976-1979.
Get to meet the Clash, Sex Pistols, Chrissie Hynde, Danny Baker, etc. Get loads of free records--good ones, too. Go on to host my own quiz show or something.
2. Producer. Atlantic Records, 1964-1971 (approx).
Get to meet Aretha, Wilson Pickett, Solomon Burke, etc. Get loads of free records (probably)--good ones, too. Make piles of money.
3. Any kind of musician (apart from classical or rap).
Speaks for itself. But I'd have settled just for being one of the Memphis Horns--I'm not asking to be Hendrix or Jagger or Otis Redding.
4. Film director.
Again, any kind, although preferably or German or silent.
5. Architect.
A surprise entry at number 5, I know, but I used to be quite good at technical drawing at school."
Nick Hornby vuelve a hacer desastres con mi vida, como lo pueden ver, pero es que no he dejado de pensar en eso. El martes pasado, tras una cita con mi asesora de tesis (la interminable tesis que al fin, parece, llega a su fin) iba caminando hacia Plaza Loreto, cuando alguien me llamó. Se trataba de un antiguo crush, otro de mis crushes fallidos, a quien alguna vez me presentó mi amiga Vero, diciéndome que hacíamos buena pareja. Él me gustó: era quijadón, de barba de tres días y ojos grandes, alguito a la Ruud van Nistelrooy. Estudiaba arquitectura y letras inglesas, lo que le daba bastantes puntos. Sin embargo, también era un poco de enfant terrible... ok, quizá demasiado para mi gusto. Nunca podíamos terminar una conversación porque de pronto se perdía. Lo dejé por la paz cuando se consiguió novia. Luego me mandaba mensajes saludándome a las tres de la mañana que yo veía como diez horas más tarde. Ahí decidí que la verdad ni salir con él.
Pues el martes lo vi. Lentes de hipster, saco semi-formal, bastantes kilitos encima, comparado a cuando lo conocí. Los lentes de hipster siempre habían sido suyos. Por lo demás, yo lo recordaba más bien hipster-pandro. Saludo obvio, presentaciones, porque él iba acompañado de otro chico: por lo que me dijo, su socio. Me preguntó si ya era mi tesis de maestría. Le dije que brincos diera. Él, por lo pronto, me contó que estaba trabajando con su socio cerca de la universidad, haciendo un trabajo de remodelación en las oficinas de un familiar; y yo, con esa costumbre de tiempos de crisis de que cualquier trabajo es bueno, opiné:
-Pues está bien, ¿no?
-Pues...- respondió él, con ese tono que tiene la gente que francamente desea que su trabajo acabe.
Nos despedimos tras un poco más de preguntas; sin embargo, me quedé pensando en él... y no, no "así". Simplemente, no podía creerlo. El tipo que me había dicho que uno debía mutilarse si no escribía una novela antes de cierta fecha (sí, me lo dijo, y yo le huí no sé cuántos meses) ahora convertido en un arquitecto, encerrado en una oficina, con ese dejo de hartazgo en su voz. Me lo imaginé. Sentado en un sitio cerrado, trabajando con planos frente a él, hasta que todos los días se volvieran iguales. Hasta que tuviera que mirar a la ventana, escuchar las noticias, quizá pedir una canción en el radio (de Mew, seguramente) que lo hiciera sonreír para alivianar la rutina.
Entonces... y quizá esto es idealismo estúpido, pero en ese momento supe que algo a lo que le tengo mucho miedo es a terminar en un trabajo así. Porque, simplemente, no podría hacerlo. Me pondría unas depresiones del carajo. Y si de por sí mi madre ahorita amenaza con llevarme al psicólogo que porque estoy enojada con la vida (¿y quién no, si ve cómo se le están acabando las oportunidades de estudiar en otro lado?) imagínense si tuviera un trabajo así.
2. "'Then you might as well stay at the shop.'"
Por mi parte, yo sé muy bien que mi lista de trabajos ideales es muy parecida a la del señor Rob Fleming (ok, va la mía. 1. Cameron Crowe, con todo y las películas y el divorcio de Nancy Wilson. 2. Cantante, así a la Patti Smith o a la Lou Reed, bastante inclasificable, o indie, o glam en una de esas. 3. Travel writer. 4. Escritora de cualquier tipo literario; hasta groupie que pueda escribir sus memorias. 5. Host de mi propio show de radio). Sin embargo, y aunque el trabajo de maestra no entra en mi top 5, supongo que debo de agradecer que lo conseguí de eso y no de otra cosa. Porque, bueno, aunque uno esté encerrado en un salón y en un edificio, siempre están los chicos, que con sus felicidades y sus tragedias le echan variedad al día. Eso, por no hablar de mi malpagadísimo trabajo en una estación de radio, que sería el #5 de mi lista de no ser por la falta de dinero. Pero, cuando alguno de mis mínimos escuchas me deja un mensaje diciendo que le gusta tal o cual canción y que quiere saber cómo se llama, o que esa rola le encanta, o un "gracias" por haberle puesto una complacencia... es en ese momento cuando pienso que yo ayudé a mejorarle su día un poco, haciendo lo que hago. Y viendo mis trabajos ideales, creo que es algo que me gustaría hacer. Precisamente, que mi trabajo consistiera en hacer más feliz la vida de alguien con mis creaciones, o inculcarles el gusto por algo. Siendo alguien a la Cameron Crowe, no sólo haría películas con soundtracks que te ponen a salivar, sino que seguiría escribiendo grandes entrevistas con bandas. Siendo cantante, pues que mis canciones pudieran evocar un sentimiento en alguien. Como travel writer, llamar la atención de gente hacia un lugar en especial, meterles la cosquilla de visitarlo. Escritora... ¿qué más puedo decir? Que de ahí quisieran leer poesía, todo. Y pues mi último trabajo ya lo tengo, sólo me falta el dinero...
Y creo que tanto el trabajo 4 como el 3 no son necesariamente poco prácticos, como los del señor Fleming.
¿Se podrá?
(Voy a empezar un blog inspirado en el trabajo 3 próximamente, me parece. Seré una chica triste, pero peleo como gato boca arriba y de las vidas que me han quitado, me quedan dos).
Learning to Fly
The home of an earthbound misfit
Monday, May 28, 2012
Mi vida en alta fidelidad 7
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Saturday, May 05, 2012
'Cause you wanna take my picture
Dicen que el Facebook ya es aburrido. Que el Twitter es como una especie de melting pot donde todo se vale, y donde está lo más cool de todas las redes sociales. La fiesta universal, con o sin drogas, por antonomasia. Pero no sé si hayan conocido Tumblr. Tumblr, visual, fotografía o texto uno tras otro, como un stream of consciousness en pantalla. Y, a veces, atraviesan la pantalla imágenes de gente desesperada, que pide a gritos ayuda, porque no pueden con la vida. Todo esto es en serio. Los usuarios lo rebloggean para ver qué se puede hacer, y ayudar. Eso, y de pronto salen publicaciones emo. Ya saben, las típicas de "Si me muero, qué me dirías".
El problema: que yo no puedo negar que en algún momento he tenido la mórbida curiosidad de eso. De hecho, varias veces. Hasta tenía mi playlist para el funeral. Sin embargo, me puse a pensar. Siempre son palabras. Siempre se piden palabras. De hecho, yo estudié letras inglesas. Yo amo las palabras.
Pero qué pasaría... si en vez de pedir una palabra, pidieras una imagen, existente ya, que resumiera todo. Una imagen para resumir tu vida y relación con la persona que se ha ido. Eso sí sería un reto Tumblr por la mejor imagen, la que supiera expresar mejor todo lo que se siente.
Tanto me emocioné, que decidí experimentarlo yo, conmigo. ¿Qué siento por mí? ¿Cómo resumir mi vida hasta ahorita si algo malo llegara a pasar (que esperemos que no)? ¿Cómo me veo yo a mí, mejor amiga y peor enemiga?
Créanme que le di buen rato de mi mente. Y, finalmente, encontré la imagen que resume lo que soy.
El problema: que yo no puedo negar que en algún momento he tenido la mórbida curiosidad de eso. De hecho, varias veces. Hasta tenía mi playlist para el funeral. Sin embargo, me puse a pensar. Siempre son palabras. Siempre se piden palabras. De hecho, yo estudié letras inglesas. Yo amo las palabras.
Pero qué pasaría... si en vez de pedir una palabra, pidieras una imagen, existente ya, que resumiera todo. Una imagen para resumir tu vida y relación con la persona que se ha ido. Eso sí sería un reto Tumblr por la mejor imagen, la que supiera expresar mejor todo lo que se siente.
Tanto me emocioné, que decidí experimentarlo yo, conmigo. ¿Qué siento por mí? ¿Cómo resumir mi vida hasta ahorita si algo malo llegara a pasar (que esperemos que no)? ¿Cómo me veo yo a mí, mejor amiga y peor enemiga?
Créanme que le di buen rato de mi mente. Y, finalmente, encontré la imagen que resume lo que soy.
Penny Lane. Almost Famous. Soñadora, ella baila sola, nostálgica, equivocada. Rockera. Entre triste y feliz. A veces muy solitaria, aunque no lo parezca. A veces acompañada. Lo único que le falta sería el jersey del Manchester United. The tiny dancer. Esa soy yo, conmigo.
Hagamos de esto un meme. Los invito a participar. Links. Una imagen, una sola, que resuma lo que somos cada uno de ustedes y yo, hasta ahora.
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Wednesday, May 02, 2012
Seven years went under the bridge like time standing still
Será que siempre pensé que bailaría "If You Leave" de OMD en la graduación. Será que siempre pensé que la reunión de preparatoria sería diferente, algo digno de película gringa. Será que en el fondo siempre me he sentido Molly Ringwald. Será que no han pasado siete años, pero ya vamos para allá.
Será que eso fue lo que me impulsó a pagar 250 pesos para ir a un desayuno de exalumnos. No sé que estaba esperando encontrar cuando me arreglé estilo rockstar, como una de mis maestras dijo. Lo de rockstar ya es mi estilo: se trataba de algo que yo quería ser en la prepa, pero no era lo suficientemente popular como para intentarlo. Los años han pasado ya. Me veo mejor que nunca.
Recuerdo lo de siempre.
Como me dijo Mariel, una de las amigas que reencontré ese día: yo quería venir a ver qué había sido de Michelle T. Sí, yo también quería reencontrarme con las putas de mi generación, con cierto aire de superioridad que no sé hasta qué punto me lo he ganado y hasta que punto lo tengo como rasgo de hipster de inglesas.
En la escuela medio vacía, me encontré con gente que no conocía, con amigos que extrañaba. Con maestros que se habían cambiado el look y también los modales. Compañeros que se habían puesto más guapos de lo que yo esperaba. Un DJ que ponía los éxitos de los noventa, de tal manera que recordé cuando los cantaba en el salón de área 4, a todo volumen.
Cuando pusieron a 4 Non Blondes, yo casi me pongo a cantar. "25 years of my life and still tryin' to get up that great big hill of hope for a destination". Si hubieran pasado los siete años, yo sí tendría 25.
¿Y me sentiría igual... que como me hace sentir esa canción?
Siempre he tenido 25 años, desde que entré a la preparatoria.
Las donitas, la fruta, los chilaquiles y los omelettes no vencieron el encanto de saber que en la cafetería se encontraba Ara, la infaltable Ara, quien nos guardaba Cocas congeladas para la salida, y a quien le dio por vender sushi que era mi hit. Yo hubiera cambiado el desayuno por un sushi y por mi antiquísimo crush de secundaria cantando Pink Floyd conmigo una vez más.
Cause I've missed you, yeah I've missed you. (Lisa Loeb and Nine Stories)
Las fotos no faltaron, claro está, entre bocados, entre tragos de jugo. Las jardineras donde solían sentarnos para las fotos grupales, que alguja vez el profesor de Comunicación Visual nos puso a dibujar. Norma quería ser fotógrafa. Ella se volvió muy mi amiga el último año. Ella dibujó las jardineras y luego yo la acompañé a tomar fotos escondida tras de los arbustos, que para el efecto artístico. Con ella canté Lifehouse a todo volumen rumbo a la pista de hielo. Ella iba a ver al chavo que se volvería su novio.
Ella se las había arreglado para colarlo a él, de quien yo estaba enamoradísima.
Ella se fue a Canadá y nunca contestó. Él me rompió el corazón.
'Cause it's you, and me, and all of the people, and I don't know why, I can't keep my eyes off of you. (Sí, Lifehouse).
Vero tomó una roca de la jardinera y la nombró la sucesora de Puky la Roca, siguiendo una broma que los de área 1 nos habían hecho a los de área 4: poner rocas en nuestras mochilas "pa que las tuviéramos llenas de algo". Mis antologías de textos en inglés pesaban más que las rocas. Por eso una vez Galo y yo cantamos "Hotel Yorba" de los White Stripes a todo volumen mientras agarrábamos a patadas la pared. Creo que él estaba pacheco. Yo no lo estaba, pero me acordé de mi mejor amiga de la primaria, y de lo mucho que me hubiera gustado que ella hubiera estado ahí, cantando con nosotros.
Where were you while we were getting high? (Oasis)
Los profesores nos pasaron fotos, fotos de varias generaciones. Vero recordaba a todos. Yo no recordaba a muchos, pero lo que hacían me hacía pensar en lo que yo había hecho. Me pregunté si algunos de ellos habrían formado un grupo musical, como lo hicimos varios compañeros y yo el último año, para la Semana Cultural.
Fue ahí cuando supe que yo quería ser la reina del karaoke.
But yes I'm still running. (U2)
Entonces nos dejaron colarnos a la torre donde estaban nuestros salones. Se suponía que el salón de computación, hasta arriba, estaba embrujado. Dice mi hermano que él lo vio; yo nunca lo supe. El salón en al que Vero estudiaba estaba cerrado; supongo que desde su generación lo declararon zona de desastre. Sin embargo, pudimos ver el baño de hombres donde ella y yo promovimos el periódico escolar llamado El Foco, que creo nunca pasó del número piloto. Ahí yo escribí un artículo sobre Johnny Ramone, quien en esa entonces acababa de morir, que creo que nadie leyó, y coescribí un cuento con Vero, cuando amenazaba con ser poeta maldita. Ahora no sé qué soy.
Pissing in a river, watching it rise. (Patti Smith)
Mi antiguo salón, sin embargo, estaba abierto. Entramos Vero, Daf y yo. Los escritorios estaban muy para adelante, a mi ver. Nosotros siempre los echábamos para atrás para que el de matemáticas no viera lo que estábamos haciendo, sobre todo el viernes a última hora. De hecho, yo podía escuchar a Poison a todo volumen y él no se daba ni por enterado.
De hecho, pude reconocer mi escritorio, recordar a la gente que se sentaba a mi alrededor y que yo ignoraba. Sobre todo cuandk Él daba clase y yo me le quedaba mirando, mirando, tanto, que olvidaba las páginas, las notas, las fechas de los exámenes. La foto que me tomé sobre el escritorio sirvió para coronar el tour, y para recordar cuántos poemas había escrito cuando nadie me veía.
So right or wrong, I wrote you this song to tell you how I feel. (Poison)
Pedimos permiso para pasar a la sala de maestros. De ahí, varios profesores nos corrían; sobre todo porque Vero, Norma y yo vivíamos ahí. A veces nos volábamos las clases así. O cuando nos volamos el viaje de generación Vero y yo. Los mejores días de nuestra prepa, sin ser verano.
Those were the best days of my life. (Bryan Adams)
Me hubieran dado ganas de colarme a los otros pasillos; a mis salones anteriores, como mi salón de quinto, del cual me aventé por la ventana un día que el de ética no nos dejaba salir. Todo con tal de ver al profesor sustituto que también fue mi crush. O para ver el balcón desde el cual se cayó la Casa de Usher.
We drink and we dance. (The Calling)
No pudimos. Bajamos de nuevo al patio. Nos esperaba la directora con su hijo. La directora, que ya me había hecho pasar un rato vergonzoso durante el desayuno. Era obvio que con mi nuevo look no me había reconocido; sin embargo, su hijo se encargó de recordarle quién era yo. Ella lo primero que hizo fue pregunparme si mi mamá "ya me dejaba ser". Once you're a freak/nerd queen, it's like Narnia. Qué ganas de decirle que yo soy PattiSmithLouReedDavidBowie, tan todos ellos yo, y tan ninguno de ellos yo.
Body and soul, I'm a freak. (Silverchair)
Me han hecho la oferta de volver. La oferta que yo no estaba segura de aceptar. Que, sin embargo, no sonaba tan mal. La oferta de volver a recuperar un escritorio que fue mío por derecho emocional debajo de un abrigo de mezclilla con pelo, que usé para que me gritaran "groupie". No sonaba mal. Hasta Vero y yo pensamos en recuperar la fraternidad que éramos Creación Literaria, gente que cantaba sin pena y sacaba renglones de las macetas.
Together. Forever. (Bon Jovi)
Podría darme la vuelta y no volver. Soy Bruce Springsteen.
Soy Janis Joplin.
Si vuelvo, mi voluntad será que traigan a Soul Asylum a las graduaciones y que alguno de mis compañeros se pare a bailar su cover de "The Tracks of My Tears" conmigo.
Me acaban de rechazar de Irlanda.
So are you tough enough for my love? Just close your eyes to the heaven above. I'm coming home. (Cinderella)
Siete años, si vuelvo.
Seven years, under the bridge.
25 years of my life and still tryin' to get up that great big hill of hope, for a destination.
(P.D. Sí, sí me la pasé muy bien).
Será que eso fue lo que me impulsó a pagar 250 pesos para ir a un desayuno de exalumnos. No sé que estaba esperando encontrar cuando me arreglé estilo rockstar, como una de mis maestras dijo. Lo de rockstar ya es mi estilo: se trataba de algo que yo quería ser en la prepa, pero no era lo suficientemente popular como para intentarlo. Los años han pasado ya. Me veo mejor que nunca.
Recuerdo lo de siempre.
Como me dijo Mariel, una de las amigas que reencontré ese día: yo quería venir a ver qué había sido de Michelle T. Sí, yo también quería reencontrarme con las putas de mi generación, con cierto aire de superioridad que no sé hasta qué punto me lo he ganado y hasta que punto lo tengo como rasgo de hipster de inglesas.
En la escuela medio vacía, me encontré con gente que no conocía, con amigos que extrañaba. Con maestros que se habían cambiado el look y también los modales. Compañeros que se habían puesto más guapos de lo que yo esperaba. Un DJ que ponía los éxitos de los noventa, de tal manera que recordé cuando los cantaba en el salón de área 4, a todo volumen.
Cuando pusieron a 4 Non Blondes, yo casi me pongo a cantar. "25 years of my life and still tryin' to get up that great big hill of hope for a destination". Si hubieran pasado los siete años, yo sí tendría 25.
¿Y me sentiría igual... que como me hace sentir esa canción?
Siempre he tenido 25 años, desde que entré a la preparatoria.
Las donitas, la fruta, los chilaquiles y los omelettes no vencieron el encanto de saber que en la cafetería se encontraba Ara, la infaltable Ara, quien nos guardaba Cocas congeladas para la salida, y a quien le dio por vender sushi que era mi hit. Yo hubiera cambiado el desayuno por un sushi y por mi antiquísimo crush de secundaria cantando Pink Floyd conmigo una vez más.
Cause I've missed you, yeah I've missed you. (Lisa Loeb and Nine Stories)
Las fotos no faltaron, claro está, entre bocados, entre tragos de jugo. Las jardineras donde solían sentarnos para las fotos grupales, que alguja vez el profesor de Comunicación Visual nos puso a dibujar. Norma quería ser fotógrafa. Ella se volvió muy mi amiga el último año. Ella dibujó las jardineras y luego yo la acompañé a tomar fotos escondida tras de los arbustos, que para el efecto artístico. Con ella canté Lifehouse a todo volumen rumbo a la pista de hielo. Ella iba a ver al chavo que se volvería su novio.
Ella se las había arreglado para colarlo a él, de quien yo estaba enamoradísima.
Ella se fue a Canadá y nunca contestó. Él me rompió el corazón.
'Cause it's you, and me, and all of the people, and I don't know why, I can't keep my eyes off of you. (Sí, Lifehouse).
Vero tomó una roca de la jardinera y la nombró la sucesora de Puky la Roca, siguiendo una broma que los de área 1 nos habían hecho a los de área 4: poner rocas en nuestras mochilas "pa que las tuviéramos llenas de algo". Mis antologías de textos en inglés pesaban más que las rocas. Por eso una vez Galo y yo cantamos "Hotel Yorba" de los White Stripes a todo volumen mientras agarrábamos a patadas la pared. Creo que él estaba pacheco. Yo no lo estaba, pero me acordé de mi mejor amiga de la primaria, y de lo mucho que me hubiera gustado que ella hubiera estado ahí, cantando con nosotros.
Where were you while we were getting high? (Oasis)
Los profesores nos pasaron fotos, fotos de varias generaciones. Vero recordaba a todos. Yo no recordaba a muchos, pero lo que hacían me hacía pensar en lo que yo había hecho. Me pregunté si algunos de ellos habrían formado un grupo musical, como lo hicimos varios compañeros y yo el último año, para la Semana Cultural.
Fue ahí cuando supe que yo quería ser la reina del karaoke.
But yes I'm still running. (U2)
Entonces nos dejaron colarnos a la torre donde estaban nuestros salones. Se suponía que el salón de computación, hasta arriba, estaba embrujado. Dice mi hermano que él lo vio; yo nunca lo supe. El salón en al que Vero estudiaba estaba cerrado; supongo que desde su generación lo declararon zona de desastre. Sin embargo, pudimos ver el baño de hombres donde ella y yo promovimos el periódico escolar llamado El Foco, que creo nunca pasó del número piloto. Ahí yo escribí un artículo sobre Johnny Ramone, quien en esa entonces acababa de morir, que creo que nadie leyó, y coescribí un cuento con Vero, cuando amenazaba con ser poeta maldita. Ahora no sé qué soy.
Pissing in a river, watching it rise. (Patti Smith)
Mi antiguo salón, sin embargo, estaba abierto. Entramos Vero, Daf y yo. Los escritorios estaban muy para adelante, a mi ver. Nosotros siempre los echábamos para atrás para que el de matemáticas no viera lo que estábamos haciendo, sobre todo el viernes a última hora. De hecho, yo podía escuchar a Poison a todo volumen y él no se daba ni por enterado.
De hecho, pude reconocer mi escritorio, recordar a la gente que se sentaba a mi alrededor y que yo ignoraba. Sobre todo cuandk Él daba clase y yo me le quedaba mirando, mirando, tanto, que olvidaba las páginas, las notas, las fechas de los exámenes. La foto que me tomé sobre el escritorio sirvió para coronar el tour, y para recordar cuántos poemas había escrito cuando nadie me veía.
So right or wrong, I wrote you this song to tell you how I feel. (Poison)
Pedimos permiso para pasar a la sala de maestros. De ahí, varios profesores nos corrían; sobre todo porque Vero, Norma y yo vivíamos ahí. A veces nos volábamos las clases así. O cuando nos volamos el viaje de generación Vero y yo. Los mejores días de nuestra prepa, sin ser verano.
Those were the best days of my life. (Bryan Adams)
Me hubieran dado ganas de colarme a los otros pasillos; a mis salones anteriores, como mi salón de quinto, del cual me aventé por la ventana un día que el de ética no nos dejaba salir. Todo con tal de ver al profesor sustituto que también fue mi crush. O para ver el balcón desde el cual se cayó la Casa de Usher.
We drink and we dance. (The Calling)
No pudimos. Bajamos de nuevo al patio. Nos esperaba la directora con su hijo. La directora, que ya me había hecho pasar un rato vergonzoso durante el desayuno. Era obvio que con mi nuevo look no me había reconocido; sin embargo, su hijo se encargó de recordarle quién era yo. Ella lo primero que hizo fue pregunparme si mi mamá "ya me dejaba ser". Once you're a freak/nerd queen, it's like Narnia. Qué ganas de decirle que yo soy PattiSmithLouReedDavidBowie, tan todos ellos yo, y tan ninguno de ellos yo.
Body and soul, I'm a freak. (Silverchair)
Me han hecho la oferta de volver. La oferta que yo no estaba segura de aceptar. Que, sin embargo, no sonaba tan mal. La oferta de volver a recuperar un escritorio que fue mío por derecho emocional debajo de un abrigo de mezclilla con pelo, que usé para que me gritaran "groupie". No sonaba mal. Hasta Vero y yo pensamos en recuperar la fraternidad que éramos Creación Literaria, gente que cantaba sin pena y sacaba renglones de las macetas.
Together. Forever. (Bon Jovi)
Podría darme la vuelta y no volver. Soy Bruce Springsteen.
Soy Janis Joplin.
Si vuelvo, mi voluntad será que traigan a Soul Asylum a las graduaciones y que alguno de mis compañeros se pare a bailar su cover de "The Tracks of My Tears" conmigo.
Me acaban de rechazar de Irlanda.
So are you tough enough for my love? Just close your eyes to the heaven above. I'm coming home. (Cinderella)
Siete años, si vuelvo.
Seven years, under the bridge.
25 years of my life and still tryin' to get up that great big hill of hope, for a destination.
(P.D. Sí, sí me la pasé muy bien).
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Monday, March 26, 2012
Qué lejos él, qué lejos yo: confesiones de una fangirl desesperada. Epílogo: ...si te labra prisión mi fantasía (vale madres)
Cuando Lady Stardust despertó, van der Sar ya no estaba ahí.
O al menos eso parecía. Porque claro, después de ver que el Manchester United había goleado gloriosamente al Wolverhampton (y quejarme por habérmelo perdido por el pinche blackout) me dispuse a buscar más tweets, esta vez relacionados con mi portero. Ninguno. O sea, que tampoco se había aparecido el día anterior. No supe si sentí alivio, o qué.
El buen Gero, quien también había seguido de cerca mis tweets frustrados, me aconsejó que me volviera a largar al WTC, que satisficiera, por última vez, la curiosidad de mi fangirl interna. Cuando dieron las diez de la mañana y yo no había movido un dedo para buscar mi jersey, supe que no lo haría.
Que el resto del día, también me la pasé en Twitter, revisando, buscando, por si acaso, algún tipo que diera la alarma de que los embajadores sí iban a estar ahí. Nadie. Tan sólo otros confundidos, mayoritariamente de los estados, quienes desde hace varios días también planeaban la visita a la ciudad para ver a los dos astros futboleros. Me pregunté si algunos sí se habrían gastado el pasaje para volver con las manos vacías.
Los siguientes dos días sí fueron de seguir pensando en eso, hasta con los chistes y chascarrillos. "No, ps van der Sar ya se había ido a Schiphol mucho antes". Y mis alumnos: "Miss, ¿vio a van der Sar?"
Qué pena decirles que de mis mil intentos, no.
El miércoles, me moría de ganas de poner un bloque malacopa en la estación de radio. Mi jefe casi casi me da zapes al ver que mi bloque ganador fue "Every Time You Go Away" de Paul Young (la versión larga), y, claro, el mantra de esos días: "Penélope".
-Ya hasta deberías cambiarle la letra- me dijo.
¿Y pues qué creen? Que lo hice. Modificada, aquí anda la rolita.
Penélope (pónganle... van der Sar. Jajaja)
Me despierto en el alba soñando no sé qué
desayuno con lluvia y te recuerdo en el café. (Bueno, yo no tomo café... sería con el partido).
Soñé tu figura lejos, esperando en los suburbios del olvido
y me vi solo, zarpando en barcos de oro que llené con regalos para tí (Con un jersey para tí... ufff jajaja)
y luego vi que por celos el mar de mis tormentos. Se tragaba el barco,
el tesoro y aquel loco que era yo y todo naufragó.
Que lejos tú, que lejos yo,
los escombros de mi vida se deslizan con la lluvia
recordando a Penélope. (Eso es bien cierto; si no, pregúntenle a la lluvia del jueves)
Me abandono a las olas, me escupen del mar.
han pasado los años, nadie sabe en dónde estas. (Bueno, los días... y sí, nadie supo dónde estabas).
Las calles desiertas por las noches
y tu cara se dibuja en mi memoria
los árboles, se abrazan, como bosques de esqueletos
en la lluvia, y mi sueño naufragó.
Que lejos tú, que lejos yo
llueven lágrimas de menta (lágrimas de Smint azules, con todo y su video) y me emborracho de amargura (y de Heineken)
olvidando a Penélope.
Que lejos tú, que lejos yo
los escombros de mi vida se deslizan con la lluvia
olvidando a Penélope.
Me refugio en las tabernas y me vuelvo taciturno
olvidando a Penélope (más bien sería "me refugio en mi compu")
Que lejos tú que lejos yo
lo que queda de mi vida lo malgasto en los tugurios
recordando a Penélope.
lo que queda de mi vida lo malgasto en los tugurios (mi frase mantra: lo que queda de mi vida, lo malgasto en el Google)
recordando a Penélope
recordando a Penélope.
Dicen que quizá regrese a las Chivas. Después de todo.
Dicen.
Si eso es cierto, ya seré yo una torta ahogada (en alcohol).
O al menos eso parecía. Porque claro, después de ver que el Manchester United había goleado gloriosamente al Wolverhampton (y quejarme por habérmelo perdido por el pinche blackout) me dispuse a buscar más tweets, esta vez relacionados con mi portero. Ninguno. O sea, que tampoco se había aparecido el día anterior. No supe si sentí alivio, o qué.
El buen Gero, quien también había seguido de cerca mis tweets frustrados, me aconsejó que me volviera a largar al WTC, que satisficiera, por última vez, la curiosidad de mi fangirl interna. Cuando dieron las diez de la mañana y yo no había movido un dedo para buscar mi jersey, supe que no lo haría.
Que el resto del día, también me la pasé en Twitter, revisando, buscando, por si acaso, algún tipo que diera la alarma de que los embajadores sí iban a estar ahí. Nadie. Tan sólo otros confundidos, mayoritariamente de los estados, quienes desde hace varios días también planeaban la visita a la ciudad para ver a los dos astros futboleros. Me pregunté si algunos sí se habrían gastado el pasaje para volver con las manos vacías.
Los siguientes dos días sí fueron de seguir pensando en eso, hasta con los chistes y chascarrillos. "No, ps van der Sar ya se había ido a Schiphol mucho antes". Y mis alumnos: "Miss, ¿vio a van der Sar?"
Qué pena decirles que de mis mil intentos, no.
El miércoles, me moría de ganas de poner un bloque malacopa en la estación de radio. Mi jefe casi casi me da zapes al ver que mi bloque ganador fue "Every Time You Go Away" de Paul Young (la versión larga), y, claro, el mantra de esos días: "Penélope".
-Ya hasta deberías cambiarle la letra- me dijo.
¿Y pues qué creen? Que lo hice. Modificada, aquí anda la rolita.
Penélope (pónganle... van der Sar. Jajaja)
Me despierto en el alba soñando no sé qué
desayuno con lluvia y te recuerdo en el café. (Bueno, yo no tomo café... sería con el partido).
Soñé tu figura lejos, esperando en los suburbios del olvido
y me vi solo, zarpando en barcos de oro que llené con regalos para tí (Con un jersey para tí... ufff jajaja)
y luego vi que por celos el mar de mis tormentos. Se tragaba el barco,
el tesoro y aquel loco que era yo y todo naufragó.
Que lejos tú, que lejos yo,
los escombros de mi vida se deslizan con la lluvia
recordando a Penélope. (Eso es bien cierto; si no, pregúntenle a la lluvia del jueves)
Me abandono a las olas, me escupen del mar.
han pasado los años, nadie sabe en dónde estas. (Bueno, los días... y sí, nadie supo dónde estabas).
Las calles desiertas por las noches
y tu cara se dibuja en mi memoria
los árboles, se abrazan, como bosques de esqueletos
en la lluvia, y mi sueño naufragó.
Que lejos tú, que lejos yo
llueven lágrimas de menta (lágrimas de Smint azules, con todo y su video) y me emborracho de amargura (y de Heineken)
olvidando a Penélope.
Que lejos tú, que lejos yo
los escombros de mi vida se deslizan con la lluvia
olvidando a Penélope.
Me refugio en las tabernas y me vuelvo taciturno
olvidando a Penélope (más bien sería "me refugio en mi compu")
Que lejos tú que lejos yo
lo que queda de mi vida lo malgasto en los tugurios
recordando a Penélope.
lo que queda de mi vida lo malgasto en los tugurios (mi frase mantra: lo que queda de mi vida, lo malgasto en el Google)
recordando a Penélope
recordando a Penélope.
Dicen que quizá regrese a las Chivas. Después de todo.
Dicen.
Si eso es cierto, ya seré yo una torta ahogada (en alcohol).
Por cierto, lo que le puse en el papelito misterioso de la entrada pasada:
"Thank you for everything. You're my hero, my idol, and a role model. Ik hou van je."
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A toast to your good looks and to my health,
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Sportyllustrated,
Un mundo achatado en los polos cual balón ponchado
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Friday, March 23, 2012
Qué lejos él, qué lejos yo: confesiones de una fangirl desesperada. Parte 4: Please, please, please, let me get what I want
Lord knows it would be the first time! En la entrega pasada, Lady Stardust había sufrido la peor decepción de su vida y se había peleado a muerte con la ciudad. Si bien a la mañana siguiente mi amiga Vero habló para ponerse igual de guerrillera que yo y dispuesta a destazar a quien se nos pusiera enfrente. Eso me hizo sentir un poco mejor; sin embargo, no podía quitarme de la cabeza la nueva duda: con esa mala impresión de la ciudad, en una de esas van der Sar mejor decidía largarse a su precioso país y no tener que lidiar con la raza en el WTC.
Eso se volvió mi duda perenne del viernes. Por un momento, parecía que Sopitas lo había solucionado todo debido a que en su página hasta decía que el propio Edwin van der Sar invitaba a los fanáticos del fut al Trophy Tour, así con todo. Con la cantidad de fans que tiene ese güey, yo lo di por cierto.
Entonces, ya sólo quedaba esperar. Me puse de acuerdo con Ferita y Jorge (su novio) para que nos fuéramos al WTC a primera hora de la mañana, me pinté las uñas, preparé mi outfit de futbolista bonita, y de nuevo empaqué en bolsota jersey, cámara, plumón, cuaderno, y todo mi desmadre.
Ya estaba yo lista cuando se me ocurre checar el Twitter. Como buena fan from hell, sigo a varias cuentas relacionadas con el Manchester United; así que cuando tropecé con el tweet en ManUtdMX que decía que lo más seguro era que ninguno de los embajadores del trofeo asistiera al WTC, casi me da un colapso. Era Sopitas contra la cuenta manejada por chavos fans del United; mexicanos, sí, pero al fin chavos.
Debería haberme dormido temprano para despertar fresca a la mañana siguiente; obvio no lo hice. Las diez de la noche y rogándole a mi jefe que me consiguiera el contacto de Heineken para de plano preguntar si mi señor van der Sar iba a asistir o no. Mi jefe, yo creo más alarmado que molesto, me aseguró que los embajadores estarían ahí, que Heineken lo había dicho. Dos contra uno. Decidí que había probabilidades de ganar y me fui a dormir.
Me desperté a las siete de la mañana, hora que para mí, en sábado, es obscena. Pero claro, me quejo de levantarme así entre semana para ir a trabajar y por van der Sar no digo nada. En fin, me arreglé, me comí un pedazo de pan por si las dudas, y me aventé al WTC.
Llegué un poco antes de las nueve, hora a la que me había citado con Ferita y Jorge. Me distraje un poco viendo el hotel que estaba cerca del WTC, donde, supuestamente, estaban hospedados tanto van der Sar como Karembeu. Me le quedé viendo, como impávida, no sé cuánto tiempo (supongo que no mucho, o me hubieran largado). Por ahí me habían dicho que debería quedarme esperando en el lobby por una firma, como buena groupie. Y lo pensé. Sin embargo, la parte de afuera del hotel se veía quizá demasiado equis, quizá demasiado tranquila. Y la fila para la Copa de la Champions amenazaba con crecer. Entonces, temiendo perder la oportunidad para la que me había levantado temprano, me dirigí hacia la fila, y me dispuse a esperar. Ferita y Jorge llegaron un rato después.
Entramos bastante rápido, y, aprovechando que no había mucha gente, nos dedicamos a ver el pequeño museo dentro del festival, con la memorabilia firmada, donde, por cierto, predominaban las cosas del Barcelona. Al menos estaba el balón que mi Edwin paró ante el Chelsea en esa histórica final del 2008, cuando ganaron la Champions y si ya me gustaba, quedé perdida y absolutamente enamorada de él, además de un poster gigante con la espalda del dios del futbol, Johan Cruyff, y como yo le llegaba a las nalgas, pues aproveché para tomarme una foto con sus nalgas.
Sin embargo, una vez que salimos de ahí, nos dimos cuenta de que ya no había mucho que ver... y de las grandes fallas del festival. Para empezar, las dos chelas que te vendían (para que alguien no se comprara como mil y se pusiera pedísimo) estaban al exorbitante precio de 80 pesos. Lo que no era necesariamente malo a tan temprana hora, que no era cuestión de empezar a alcoholizarse antes de mediodía; pero se adivinaba que los barecillos repartidos alrededor del galerón que es la explanada del WTC no se iban a llenar.
Luego, estaban los que definitivamente no habían ido a ver la Copa, sino a sabrosearse a las edecanes. Varios, antes de tomarse la foto con el jersey autografiado de David Beckham, ya traían a una chava bien apepenada de la cintura y se estaban tomando la foto con ella, o hasta haciéndole plática. Hubo una de las chicas que ya hasta se negó a tomarse la foto a menos de que la gente participara en los juegos. Así de mal.
Total, que pronto nos quedamos sin hacer nada, mas que esperar, después de comernos la bolsita de papas más cara de la historia. A ver el mismo comercial de la Champions (con el horrendo momento de cuando Villa le metió gol a mi hombre y condenó al United) una y otra vez, porque, para colmo, los agentitos regados por todo el galerón no sabían dar nada de información sobre la llegada de la copa, los autógrafos ni nada. En fin.
Ya cuando se acercaba el mediodía (las once), al fin hubo una iluminación... que tuvo que ver con los dos podios que se encontraban uno a cada extremo del galerón. Uno de ellos se veía muy iluminado, cámaras y toda la cosa, y en el otro sólo se veía uno de esos displays de Heineken. Los autógrafos empezaban a las doce. El problema era dónde.
Ferita afortunadamente se ganó el aplauso del día decidiendo que nos quedáramos del lado del display de Heineken. Estuvimos ahí parados como dedos por buen rato, pero apenas la media arrastró su minutero, mucha gente se empezó a poner ahí. Habíamos acertado. Mientras esperábamos, yo saqué todo lo que traía: plumón, cuaderno, pluma para el autógrafo que le había prometido a Caroline; y, metida en la pasión, me puse a escribirle una notita al Edwin por si al momento me ganaba la reacción fangirl: una notita que resumiera lo que siento por él y cómo lo admiro. "Escríbele un poema," me sugirió Feri.
En ese momento, la pantalla que había pasado una y mil veces el mismo comercial se oscureció. El himno de la Champions (sí, ese que, supongo, todos los fans del fut cantamos como perros pavlovianos) empezó a sonar (como que demasiadas veces). Dos guarros, uno que la verdad se veía galán y otro, aparecieron en la pantalla. Se encontraban en el podio opuesto al nuestro. Con ellos, la Copa, el objeto de deseo de Europa, la lata más cara del mundo. Yo tomé la mano de Ferita. Sería posible que... hasta ganas de llorar me dieron.
Y, tras develarla y tenerla ahí puesta como cinco siglos, alguien más apareció. Cabello negro, vestimenta fashion...
RAFA MÁRQUEZ.
Desde que lo vi, algo en mí decayó, a pesar de que otra parte se negaba a creerlo. No podía ser. A que en un momento salían Karembeu y mi Edwin. A que sí. A que sí. Alrededor, más gente murmuraba que qué onda, que dónde estaban los otros.
Un edecán de Heineken nos empezó a aventar tarjetitas que tenían garabateada la palabra "autógrafo". Así que nos habíamos ganado nuestro derecho a autógrafo. Al menos. Tal parecía que los que llegaron después de nosotros, corriendo, enterándose, no iban a tener derecho. Nimodo, a aguantarse.
Los medios cambiaron del lado de la Copa al nuestro, y tras más trajín, de detrás de unos bastidores... no, no salió ningún rubio que se notara a pesar del despliegue de seguridad. Era el mismo Rafita Márquez, esbelto, bastante galán por cierto, con su barbita de tres días, el rollo muy español. Si no fuera por el terrible pesar sobre mi alma yo creo que me hubiera emocionado un poquito. Feri fue la que de plano, se veía dispuesta a disfrutar el momento.
Supuestamente. Nos pegamos a Jorge, quien llevaba la cámara. De poco nos sirvió. Nos empezaron a pasar casi casi a empujones. Le pidieron a Jorge que se apurara. Ahí va él con la cámara. Cuando le tocó el turno a Feri, se quedó sin foto, y sin oportunidad de decir nada.
Me echaron por delante. Una chica me preguntó si traía cámara. Yo parecía foca deslumbrada por los focos. Que si le daba la cámara. Sacudí la cabeza. Me pasó junto al galán de Rafa, quien firmaba todo con una sonrisota que no lograba esconder sus ganas de "quiero que se acabe esto". Yo, por mi parte, tenía la sonrisa que intentaba decir "yaaaay Rafa Márquez" pero que en verdad decía "voy a deprimirme como no tienen idea". Miré la firma, que decía "Con afecto Rafa Márquez" y respondí: "Gracias. Salúdame a van der Sar." Seguro pensó que qué pedo con mi vida.
Bueno, pues ya qué chingados. Vamos a ver lo otro que vinimos a ver. Caminamos rumbo al podio de la Copa, a ver si sí nos podíamos tomar foto y todo. Lo vimos muy vacío, para nuestra sorpresa... pero una edecán nos explicó:
-Para ver la copa, tienen que ganarse boletos en los juegos.
Nos paseamos por los juegos. Fue ahí cuando nos dimos cuenta de la absoluta desatención a los fans adolescentes del futbol: todos los juegos eran para mayores de 18 años. Entonces, si querías ver la Copa pero no tenías edad legal para la cerveza, valías madre. Así, ni ganas de ir.
Nos salimos sin dar vuelta atrás: de cualquier manera ni había reingreso. Feri se preguntó si los que estaban afuera cuando salimos, esperando para entrar, no se espantarían de las caras de timados que teníamos.
Pensamos en comer gordamente en el Ihop. Claro, cuando salimos, el pinche Ihop estaba a reventar. O sea que ni para aventarme un coma diabético que me hiciera feliz. Yo ya estaba planeando irme a desayunar al supuesto hotel, pero como siempre, Caroline me hizo entrar en razón, recordándome que un faux pas con la seguridad jodería una vida de fan de van der Sar. En fin.
Nos fuimos a un café donde comimos unos cuernitos muy ricos, aunque yo seguía sufriendo. Luego me fui con Feri a Galerías Insurgentes, donde pasé del sufrimiento a lo absurdo, con un pequeño paréntesis cuando le conté a mi jefe de la estación mi triste historia, que terminé con un "¿Qué más podría pasar?" A él se le ocurrió decir "Que van der Sar ya haya llegado al WTC". Casi tomo el Metrobús de regreso hasta que Ferita me regresó la cordura. Si sólo volví, fue para ir de allá a casa, pues nada había cambiado.
Era temprano. Pensé, mientras reposaba mis pies, que ya me dolían de haber estado parada tanto tiempo, y me preparaba un trago con vodka (hasta alcohólica salí) que a lo mejor sí me daba tiempo de ir a la fiesta que Paradoxical Phoenix había dicho. Escuché a mis papás y a mi hermano llegar; tal parecía que mi hermano iba a salir, lo que me daba oportunidad de salir a mí también. Claro que antes me convenía un descansito, para los pies, para olvidarme de van der Sar.
Y claro, me blackouteé. No supe de mí hasta la mañana siguiente... y a la mañana siguiente les entregaré el último capítulo de esta serie, de esta historia de dizque amor.
Eso se volvió mi duda perenne del viernes. Por un momento, parecía que Sopitas lo había solucionado todo debido a que en su página hasta decía que el propio Edwin van der Sar invitaba a los fanáticos del fut al Trophy Tour, así con todo. Con la cantidad de fans que tiene ese güey, yo lo di por cierto.
Entonces, ya sólo quedaba esperar. Me puse de acuerdo con Ferita y Jorge (su novio) para que nos fuéramos al WTC a primera hora de la mañana, me pinté las uñas, preparé mi outfit de futbolista bonita, y de nuevo empaqué en bolsota jersey, cámara, plumón, cuaderno, y todo mi desmadre.
Ya estaba yo lista cuando se me ocurre checar el Twitter. Como buena fan from hell, sigo a varias cuentas relacionadas con el Manchester United; así que cuando tropecé con el tweet en ManUtdMX que decía que lo más seguro era que ninguno de los embajadores del trofeo asistiera al WTC, casi me da un colapso. Era Sopitas contra la cuenta manejada por chavos fans del United; mexicanos, sí, pero al fin chavos.
Debería haberme dormido temprano para despertar fresca a la mañana siguiente; obvio no lo hice. Las diez de la noche y rogándole a mi jefe que me consiguiera el contacto de Heineken para de plano preguntar si mi señor van der Sar iba a asistir o no. Mi jefe, yo creo más alarmado que molesto, me aseguró que los embajadores estarían ahí, que Heineken lo había dicho. Dos contra uno. Decidí que había probabilidades de ganar y me fui a dormir.
Me desperté a las siete de la mañana, hora que para mí, en sábado, es obscena. Pero claro, me quejo de levantarme así entre semana para ir a trabajar y por van der Sar no digo nada. En fin, me arreglé, me comí un pedazo de pan por si las dudas, y me aventé al WTC.
Llegué un poco antes de las nueve, hora a la que me había citado con Ferita y Jorge. Me distraje un poco viendo el hotel que estaba cerca del WTC, donde, supuestamente, estaban hospedados tanto van der Sar como Karembeu. Me le quedé viendo, como impávida, no sé cuánto tiempo (supongo que no mucho, o me hubieran largado). Por ahí me habían dicho que debería quedarme esperando en el lobby por una firma, como buena groupie. Y lo pensé. Sin embargo, la parte de afuera del hotel se veía quizá demasiado equis, quizá demasiado tranquila. Y la fila para la Copa de la Champions amenazaba con crecer. Entonces, temiendo perder la oportunidad para la que me había levantado temprano, me dirigí hacia la fila, y me dispuse a esperar. Ferita y Jorge llegaron un rato después.
Entramos bastante rápido, y, aprovechando que no había mucha gente, nos dedicamos a ver el pequeño museo dentro del festival, con la memorabilia firmada, donde, por cierto, predominaban las cosas del Barcelona. Al menos estaba el balón que mi Edwin paró ante el Chelsea en esa histórica final del 2008, cuando ganaron la Champions y si ya me gustaba, quedé perdida y absolutamente enamorada de él, además de un poster gigante con la espalda del dios del futbol, Johan Cruyff, y como yo le llegaba a las nalgas, pues aproveché para tomarme una foto con sus nalgas.
Sin embargo, una vez que salimos de ahí, nos dimos cuenta de que ya no había mucho que ver... y de las grandes fallas del festival. Para empezar, las dos chelas que te vendían (para que alguien no se comprara como mil y se pusiera pedísimo) estaban al exorbitante precio de 80 pesos. Lo que no era necesariamente malo a tan temprana hora, que no era cuestión de empezar a alcoholizarse antes de mediodía; pero se adivinaba que los barecillos repartidos alrededor del galerón que es la explanada del WTC no se iban a llenar.
Luego, estaban los que definitivamente no habían ido a ver la Copa, sino a sabrosearse a las edecanes. Varios, antes de tomarse la foto con el jersey autografiado de David Beckham, ya traían a una chava bien apepenada de la cintura y se estaban tomando la foto con ella, o hasta haciéndole plática. Hubo una de las chicas que ya hasta se negó a tomarse la foto a menos de que la gente participara en los juegos. Así de mal.
Total, que pronto nos quedamos sin hacer nada, mas que esperar, después de comernos la bolsita de papas más cara de la historia. A ver el mismo comercial de la Champions (con el horrendo momento de cuando Villa le metió gol a mi hombre y condenó al United) una y otra vez, porque, para colmo, los agentitos regados por todo el galerón no sabían dar nada de información sobre la llegada de la copa, los autógrafos ni nada. En fin.
Ya cuando se acercaba el mediodía (las once), al fin hubo una iluminación... que tuvo que ver con los dos podios que se encontraban uno a cada extremo del galerón. Uno de ellos se veía muy iluminado, cámaras y toda la cosa, y en el otro sólo se veía uno de esos displays de Heineken. Los autógrafos empezaban a las doce. El problema era dónde.
Ferita afortunadamente se ganó el aplauso del día decidiendo que nos quedáramos del lado del display de Heineken. Estuvimos ahí parados como dedos por buen rato, pero apenas la media arrastró su minutero, mucha gente se empezó a poner ahí. Habíamos acertado. Mientras esperábamos, yo saqué todo lo que traía: plumón, cuaderno, pluma para el autógrafo que le había prometido a Caroline; y, metida en la pasión, me puse a escribirle una notita al Edwin por si al momento me ganaba la reacción fangirl: una notita que resumiera lo que siento por él y cómo lo admiro. "Escríbele un poema," me sugirió Feri.
En ese momento, la pantalla que había pasado una y mil veces el mismo comercial se oscureció. El himno de la Champions (sí, ese que, supongo, todos los fans del fut cantamos como perros pavlovianos) empezó a sonar (como que demasiadas veces). Dos guarros, uno que la verdad se veía galán y otro, aparecieron en la pantalla. Se encontraban en el podio opuesto al nuestro. Con ellos, la Copa, el objeto de deseo de Europa, la lata más cara del mundo. Yo tomé la mano de Ferita. Sería posible que... hasta ganas de llorar me dieron.
Y, tras develarla y tenerla ahí puesta como cinco siglos, alguien más apareció. Cabello negro, vestimenta fashion...
RAFA MÁRQUEZ.
Desde que lo vi, algo en mí decayó, a pesar de que otra parte se negaba a creerlo. No podía ser. A que en un momento salían Karembeu y mi Edwin. A que sí. A que sí. Alrededor, más gente murmuraba que qué onda, que dónde estaban los otros.
Un edecán de Heineken nos empezó a aventar tarjetitas que tenían garabateada la palabra "autógrafo". Así que nos habíamos ganado nuestro derecho a autógrafo. Al menos. Tal parecía que los que llegaron después de nosotros, corriendo, enterándose, no iban a tener derecho. Nimodo, a aguantarse.
Los medios cambiaron del lado de la Copa al nuestro, y tras más trajín, de detrás de unos bastidores... no, no salió ningún rubio que se notara a pesar del despliegue de seguridad. Era el mismo Rafita Márquez, esbelto, bastante galán por cierto, con su barbita de tres días, el rollo muy español. Si no fuera por el terrible pesar sobre mi alma yo creo que me hubiera emocionado un poquito. Feri fue la que de plano, se veía dispuesta a disfrutar el momento.
Supuestamente. Nos pegamos a Jorge, quien llevaba la cámara. De poco nos sirvió. Nos empezaron a pasar casi casi a empujones. Le pidieron a Jorge que se apurara. Ahí va él con la cámara. Cuando le tocó el turno a Feri, se quedó sin foto, y sin oportunidad de decir nada.
Me echaron por delante. Una chica me preguntó si traía cámara. Yo parecía foca deslumbrada por los focos. Que si le daba la cámara. Sacudí la cabeza. Me pasó junto al galán de Rafa, quien firmaba todo con una sonrisota que no lograba esconder sus ganas de "quiero que se acabe esto". Yo, por mi parte, tenía la sonrisa que intentaba decir "yaaaay Rafa Márquez" pero que en verdad decía "voy a deprimirme como no tienen idea". Miré la firma, que decía "Con afecto Rafa Márquez" y respondí: "Gracias. Salúdame a van der Sar." Seguro pensó que qué pedo con mi vida.
Bueno, pues ya qué chingados. Vamos a ver lo otro que vinimos a ver. Caminamos rumbo al podio de la Copa, a ver si sí nos podíamos tomar foto y todo. Lo vimos muy vacío, para nuestra sorpresa... pero una edecán nos explicó:
-Para ver la copa, tienen que ganarse boletos en los juegos.
Nos paseamos por los juegos. Fue ahí cuando nos dimos cuenta de la absoluta desatención a los fans adolescentes del futbol: todos los juegos eran para mayores de 18 años. Entonces, si querías ver la Copa pero no tenías edad legal para la cerveza, valías madre. Así, ni ganas de ir.
Nos salimos sin dar vuelta atrás: de cualquier manera ni había reingreso. Feri se preguntó si los que estaban afuera cuando salimos, esperando para entrar, no se espantarían de las caras de timados que teníamos.
Pensamos en comer gordamente en el Ihop. Claro, cuando salimos, el pinche Ihop estaba a reventar. O sea que ni para aventarme un coma diabético que me hiciera feliz. Yo ya estaba planeando irme a desayunar al supuesto hotel, pero como siempre, Caroline me hizo entrar en razón, recordándome que un faux pas con la seguridad jodería una vida de fan de van der Sar. En fin.
Nos fuimos a un café donde comimos unos cuernitos muy ricos, aunque yo seguía sufriendo. Luego me fui con Feri a Galerías Insurgentes, donde pasé del sufrimiento a lo absurdo, con un pequeño paréntesis cuando le conté a mi jefe de la estación mi triste historia, que terminé con un "¿Qué más podría pasar?" A él se le ocurrió decir "Que van der Sar ya haya llegado al WTC". Casi tomo el Metrobús de regreso hasta que Ferita me regresó la cordura. Si sólo volví, fue para ir de allá a casa, pues nada había cambiado.
Era temprano. Pensé, mientras reposaba mis pies, que ya me dolían de haber estado parada tanto tiempo, y me preparaba un trago con vodka (hasta alcohólica salí) que a lo mejor sí me daba tiempo de ir a la fiesta que Paradoxical Phoenix había dicho. Escuché a mis papás y a mi hermano llegar; tal parecía que mi hermano iba a salir, lo que me daba oportunidad de salir a mí también. Claro que antes me convenía un descansito, para los pies, para olvidarme de van der Sar.
Y claro, me blackouteé. No supe de mí hasta la mañana siguiente... y a la mañana siguiente les entregaré el último capítulo de esta serie, de esta historia de dizque amor.
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Bad Kaze of the Kozmic Blues,
Hard Luck Woman,
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Machacando gente,
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Wednesday, March 21, 2012
Qué lejos él, qué lejos yo: confesiones de una fangirl desesperada. Parte 3: mi sueño naufragó (en un charco)
En la entrega anterior, yo había intentado, inútilmente, que la gente se apiadara de mí y me presentara a Edwin van der Sar. Debido al fracaso de la misión, yo había dado todo por perdido y había regresado a comer papitas y planear mi visita al WTC al fin de semana.
El jueves, sin embargo, fue un día en el cual no pude evitar sentirme de mal humor: simplemente, porque al Manchester United se le ocurre perder. Y con eso, quedar fuera de la Europa League. Ahí nomás. Contra el pinche Bilbao. Y, aunque en el fondo comprendí que lo hicieron para concentrarse en la Premier y para quitarse la Europa de encima, de cualquier manera... fueron mamadas.
Así pues, regresé a mi casa con la idea de no moverme del sillón. De hecho, me puse mis pants de mendiga, fuera maquillaje, fuera peinado, y me aplasté con la comida a ver la peli Away We Go.
Pues bien, no había terminado de enamorarme perdidamente de John Krasinski en su papel de teto divino, cuando mi celular empezó a ponerse neurótico. Yo nunca contesto mientras como, pero era demasiado.
Era mi jefe de la estación, quien me pidió que checara el Twitter y el Facebook de la estación. Pensando que sería un chiste estúpido sobre la eliminación del United, lo hice a regañadientes, sólo para que la carrilla pasara rápido.
Pues no. En el muro de nuestra página de Facebook, se encontraba una foto de la Copa de la Champions. Con sus embajadores. Con la promesa de que iban a estar en el programa de deportes de la tarde.
Y que empieza la neurosis. Después de eso, con todo y John Krasinski, yo traía el celular injertado a la mano, soportando los teasers: que si habían salido del hotel, que si se dirigían para la estación. Eran las cinco y media de la tarde, más o menos. Estaba programado que la copa, junto con sus embajadores, llegara a las siete de la noche, para una convivencia de una hora.
A las seis en punto empezó el programa, y a las seis en punto se desató una lluvia feroz, combinada con varios estorbosos sucesos del día; entre ellos, varias manifestaciones del huevón sindicato de maestros, entorpeciendo el tráfico a un nivel que no se imaginan. Yo, mientras tanto, me debatía en mis tormentas internas... voy para allá, claro que voy para allá. Pero... ¿qué chingados me pongo? ¿Look tomboy, fan de futbol? Quizá me iba a ver muy poco... no lo sé, aceptable, pues ya me habían advertido que habían visitas restringidas. No se trataba de parecer transeúnte cualquiera. ¿Look hiper sexy, a la dizque reportera de deportes pero que en verdad sólo es atractivo visual? No. Había que recordar que el hombre es futbolista, no rockstar. Y casado, y fiel, y la chingada.
Una intervención en el programa me dio un poco de tiempo para pensar con más claridad (si pensar con claridad es mandarle un texto desesperado a mi amiga Caroline, gritando como niña en cita "¿qué me pongo para ver a Edwin van der Sar?"). Que, según los agentes de Heineken, desgraciadamente, la lluvia estaba entorpeciendo un poco el movimiento del carro, Que era muy probable que llegaran a las siete y media.
Mi jefe me dijo que quizá debería esperarme a tener noticias certeras: que si ellos llegaban y yo no estaba ahí, que ya verían la forma de detenerlos (claro, pa que luego entambaran a toda la estación por privación ilegal de la libertad). Mientras le daba la enésima vuelta a mi closet, mi madre sugirió que mejor me alistara y saliéramos, pues con la lluvia iba a estar muy difícil llegar a la estación, a pesar de que está cerca de mi casa, y que, como dudaba que van der Sar y Karembeu se quisieran quedar a esperarme, que más valía que me sobrara tiempo a que me faltara. Esa sabia afirmación, junto con la conclusión de Caroline de que me vistiera semi-formal-sexy (jeans y blusa nice) fueron las que detonaron mi movimiento. Jeans que no me hicieran ver gorda (yo quería mis skinny jeans, pero no ayudaban en nada), blusa vistosa pero no tanto que no es rockstar; bolsa con cámara, jersey, plumón, cuaderno, pluma y todo lo que se pudiera autografiar y usarse para marcar constancia de mi sueño cumplido; botella de perfume que prácticamente estrené (y con la que prácticamente me bañé); regreso del maquillaje con detallitos extra (incluido lipgloss matador), mini pasada de plancha para el alaciado perfecto.
Eran las siete cuando iba a la mitad de mi arreglo personal. La copa ya no iba a la estación. Los embajadores sí, al menos para una entrevista corta.
A las siete y media dejamos la humilde morada, pues mi madre aceptó llevarme. Si bien la lluvia había amainado, aún seguía lloviendo; y, además, eso de pasar por puentes peatonales cuando una anda guapísima, pues no.
Generalmente, para llegar a la estación se requieren quince minutos. Los quince minutos pasaron y no íbamos a la mitad del camino. Dieron las ocho cuando llegamos a la mitad. Según parecía, todo en orden. Eran las ocho y cuarto e íbamos pasaditas de la mitad, cuando recibí una llamada de mi jefe. Casi brinco. Estaba a punto de decir que por favor prolongaran la entrevista, y hasta estaba dispuesta a pasar las preguntas que tenía planeadas... hasta que dos palabras mataron mis deseos.
-No vienen.
Silencio sepulcral de mi parte, excepto por los claxon de los coches alrededor.
-Están atrapados en Insurgentes, sin poder avanzar ni retroceder- mi jefe continuó-. Están cansados y estresados. Es fácil entender por qué. Lo que quieren es regresar a descansar.
Sí, pensé. Después de dos horas sin moverte en el tráfico, más cuando vienes de un país limpio, lleno de barquitos, mariguana y molinos, te dan ganas de suicidarte o algo.
-Hicimos todo lo que pudimos.
No sé cómo mantuve mi reacción histérica a raya y pude contestar como persona decente. No sé cómo pude hasta reírme un poco de lo absurdo de la situación mientras mi mamá daba vuelta con el coche y volvíamos a casa, a la cual, afortunadamente, llegamos muy, muy pronto.
Adiós al maquillaje, adiós a la ropa linda. Seguía apestando a perfume cuando me senté frente al Twitter y empecé a lanzar maldiciones. Que putos todos, lárguense a la chingada, pinches maestros y pinche ciudad de mierda, ojalá a todos se los coja un burro sidoso. Hasta un meme me dedicaron. https://twitter.com/#!/Lillemar/status/180497246431883265/photo/1 Mi jefe, intentando animarme, me contó que llevaba media hora atrapado fuera de la estación, por el tráfico. Yo, por mi parte, me hundí en mi miseria esuchando la rola leitmotiv de esta saga, "Penélope" de Alfonso André (sí, ahorita se las pongo). En una de esas, pensé, me salgo a buscar un carro blindado detenido en Insurgentes y me subo. Ajá.
Me recomendaron que me alivianara y me riera. 9gag. Pues no, ni 9gag me ayudaba a superarlo.
Ya era un poco tarde, pero yo no podía con el asunto. Necesitaba comentarlo con alguien. Caroline, la única que ama a van der Sar tanto como yo, jetona cuando la necesitaba. Me voy con las nacionales. Primera llamada: Vero. Tuve el mal tino de agarrarla en una cena. Me dijo que llegando a su casa me llamaba. Pasaron los minutos. Casi se volvió una hora y nunca me llamó. Pensé que no me quería ya. Segunda llamada: Feri. Me dijo, igual, que me marcaba en un momentito. Ella sí cumplió. Sin embargo, una vez le hube contado un resumen de mi tragedia, intentó animarme contándome un pintoresco sueño que había tenido. Yo, aún hecha un asco, mejor me reí y... sí, dejé ahí las cosas. En otro momento, el sueño hubiera sido muy lindo: ahí, servía para lo mismo que 9gag.
Tercera llamada: Paradoxical Phoenix. Me preguntó que si planeaba ir a una fiesta el sábado antes de preguntar el motivo de mi llamada. Yo, en mi emputación, había olvidado por completo que había una fiesta el sábado cerca de mi casa. Le dije que no sabía (y literalmente no sabía, y ni ganas tenía). Se sintió. Le dije que luego le hablaba y colgué el teléfono. Terminé maldiciendo con Akasxa a media noche: al menos, ella aceptó que no tener cerca a un ídolo es causante de querer cortarle los huevos a alguien.
Qué lejos él, en el tráfico de Insurgentes. Qué lejos yo, en el tráfico de Tlalpan.
Lo que queda de mi día, lo malgasto en el Google, recordando a... Pero la semana no se acaba. No se pierdan la siguiente entrega de las aventuras de Lady Stardust, quien, para este momento, consigue un diploma en masoquismo.
Ah, y la rola de Alfonso André:
El jueves, sin embargo, fue un día en el cual no pude evitar sentirme de mal humor: simplemente, porque al Manchester United se le ocurre perder. Y con eso, quedar fuera de la Europa League. Ahí nomás. Contra el pinche Bilbao. Y, aunque en el fondo comprendí que lo hicieron para concentrarse en la Premier y para quitarse la Europa de encima, de cualquier manera... fueron mamadas.
Así pues, regresé a mi casa con la idea de no moverme del sillón. De hecho, me puse mis pants de mendiga, fuera maquillaje, fuera peinado, y me aplasté con la comida a ver la peli Away We Go.
Pues bien, no había terminado de enamorarme perdidamente de John Krasinski en su papel de teto divino, cuando mi celular empezó a ponerse neurótico. Yo nunca contesto mientras como, pero era demasiado.
Era mi jefe de la estación, quien me pidió que checara el Twitter y el Facebook de la estación. Pensando que sería un chiste estúpido sobre la eliminación del United, lo hice a regañadientes, sólo para que la carrilla pasara rápido.
Pues no. En el muro de nuestra página de Facebook, se encontraba una foto de la Copa de la Champions. Con sus embajadores. Con la promesa de que iban a estar en el programa de deportes de la tarde.
Y que empieza la neurosis. Después de eso, con todo y John Krasinski, yo traía el celular injertado a la mano, soportando los teasers: que si habían salido del hotel, que si se dirigían para la estación. Eran las cinco y media de la tarde, más o menos. Estaba programado que la copa, junto con sus embajadores, llegara a las siete de la noche, para una convivencia de una hora.
A las seis en punto empezó el programa, y a las seis en punto se desató una lluvia feroz, combinada con varios estorbosos sucesos del día; entre ellos, varias manifestaciones del huevón sindicato de maestros, entorpeciendo el tráfico a un nivel que no se imaginan. Yo, mientras tanto, me debatía en mis tormentas internas... voy para allá, claro que voy para allá. Pero... ¿qué chingados me pongo? ¿Look tomboy, fan de futbol? Quizá me iba a ver muy poco... no lo sé, aceptable, pues ya me habían advertido que habían visitas restringidas. No se trataba de parecer transeúnte cualquiera. ¿Look hiper sexy, a la dizque reportera de deportes pero que en verdad sólo es atractivo visual? No. Había que recordar que el hombre es futbolista, no rockstar. Y casado, y fiel, y la chingada.
Una intervención en el programa me dio un poco de tiempo para pensar con más claridad (si pensar con claridad es mandarle un texto desesperado a mi amiga Caroline, gritando como niña en cita "¿qué me pongo para ver a Edwin van der Sar?"). Que, según los agentes de Heineken, desgraciadamente, la lluvia estaba entorpeciendo un poco el movimiento del carro, Que era muy probable que llegaran a las siete y media.
Mi jefe me dijo que quizá debería esperarme a tener noticias certeras: que si ellos llegaban y yo no estaba ahí, que ya verían la forma de detenerlos (claro, pa que luego entambaran a toda la estación por privación ilegal de la libertad). Mientras le daba la enésima vuelta a mi closet, mi madre sugirió que mejor me alistara y saliéramos, pues con la lluvia iba a estar muy difícil llegar a la estación, a pesar de que está cerca de mi casa, y que, como dudaba que van der Sar y Karembeu se quisieran quedar a esperarme, que más valía que me sobrara tiempo a que me faltara. Esa sabia afirmación, junto con la conclusión de Caroline de que me vistiera semi-formal-sexy (jeans y blusa nice) fueron las que detonaron mi movimiento. Jeans que no me hicieran ver gorda (yo quería mis skinny jeans, pero no ayudaban en nada), blusa vistosa pero no tanto que no es rockstar; bolsa con cámara, jersey, plumón, cuaderno, pluma y todo lo que se pudiera autografiar y usarse para marcar constancia de mi sueño cumplido; botella de perfume que prácticamente estrené (y con la que prácticamente me bañé); regreso del maquillaje con detallitos extra (incluido lipgloss matador), mini pasada de plancha para el alaciado perfecto.
Eran las siete cuando iba a la mitad de mi arreglo personal. La copa ya no iba a la estación. Los embajadores sí, al menos para una entrevista corta.
A las siete y media dejamos la humilde morada, pues mi madre aceptó llevarme. Si bien la lluvia había amainado, aún seguía lloviendo; y, además, eso de pasar por puentes peatonales cuando una anda guapísima, pues no.
Generalmente, para llegar a la estación se requieren quince minutos. Los quince minutos pasaron y no íbamos a la mitad del camino. Dieron las ocho cuando llegamos a la mitad. Según parecía, todo en orden. Eran las ocho y cuarto e íbamos pasaditas de la mitad, cuando recibí una llamada de mi jefe. Casi brinco. Estaba a punto de decir que por favor prolongaran la entrevista, y hasta estaba dispuesta a pasar las preguntas que tenía planeadas... hasta que dos palabras mataron mis deseos.
-No vienen.
Silencio sepulcral de mi parte, excepto por los claxon de los coches alrededor.
-Están atrapados en Insurgentes, sin poder avanzar ni retroceder- mi jefe continuó-. Están cansados y estresados. Es fácil entender por qué. Lo que quieren es regresar a descansar.
Sí, pensé. Después de dos horas sin moverte en el tráfico, más cuando vienes de un país limpio, lleno de barquitos, mariguana y molinos, te dan ganas de suicidarte o algo.
-Hicimos todo lo que pudimos.
No sé cómo mantuve mi reacción histérica a raya y pude contestar como persona decente. No sé cómo pude hasta reírme un poco de lo absurdo de la situación mientras mi mamá daba vuelta con el coche y volvíamos a casa, a la cual, afortunadamente, llegamos muy, muy pronto.
Adiós al maquillaje, adiós a la ropa linda. Seguía apestando a perfume cuando me senté frente al Twitter y empecé a lanzar maldiciones. Que putos todos, lárguense a la chingada, pinches maestros y pinche ciudad de mierda, ojalá a todos se los coja un burro sidoso. Hasta un meme me dedicaron. https://twitter.com/#!/Lillemar/status/180497246431883265/photo/1 Mi jefe, intentando animarme, me contó que llevaba media hora atrapado fuera de la estación, por el tráfico. Yo, por mi parte, me hundí en mi miseria esuchando la rola leitmotiv de esta saga, "Penélope" de Alfonso André (sí, ahorita se las pongo). En una de esas, pensé, me salgo a buscar un carro blindado detenido en Insurgentes y me subo. Ajá.
Me recomendaron que me alivianara y me riera. 9gag. Pues no, ni 9gag me ayudaba a superarlo.
Ya era un poco tarde, pero yo no podía con el asunto. Necesitaba comentarlo con alguien. Caroline, la única que ama a van der Sar tanto como yo, jetona cuando la necesitaba. Me voy con las nacionales. Primera llamada: Vero. Tuve el mal tino de agarrarla en una cena. Me dijo que llegando a su casa me llamaba. Pasaron los minutos. Casi se volvió una hora y nunca me llamó. Pensé que no me quería ya. Segunda llamada: Feri. Me dijo, igual, que me marcaba en un momentito. Ella sí cumplió. Sin embargo, una vez le hube contado un resumen de mi tragedia, intentó animarme contándome un pintoresco sueño que había tenido. Yo, aún hecha un asco, mejor me reí y... sí, dejé ahí las cosas. En otro momento, el sueño hubiera sido muy lindo: ahí, servía para lo mismo que 9gag.
Tercera llamada: Paradoxical Phoenix. Me preguntó que si planeaba ir a una fiesta el sábado antes de preguntar el motivo de mi llamada. Yo, en mi emputación, había olvidado por completo que había una fiesta el sábado cerca de mi casa. Le dije que no sabía (y literalmente no sabía, y ni ganas tenía). Se sintió. Le dije que luego le hablaba y colgué el teléfono. Terminé maldiciendo con Akasxa a media noche: al menos, ella aceptó que no tener cerca a un ídolo es causante de querer cortarle los huevos a alguien.
Qué lejos él, en el tráfico de Insurgentes. Qué lejos yo, en el tráfico de Tlalpan.
Lo que queda de mi día, lo malgasto en el Google, recordando a... Pero la semana no se acaba. No se pierdan la siguiente entrega de las aventuras de Lady Stardust, quien, para este momento, consigue un diploma en masoquismo.
Ah, y la rola de Alfonso André:
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Tuesday, March 20, 2012
Qué lejos él, qué lejos yo: confesiones de una fangirl desesperada. Parte 2: La estratagema conmovedora (o la movida Teletón)
El título es de Fréderic Beigebeder: sé que yo no soy él, pero, en escribir cursilerías, ahí nos vamos. En la entrega anterior de esta más apasionada que apasionante serie, yo gastaba mi tiempo como toda una nini en el Twitter, mientras que temía por la presencia o la ausencia de mi señor Edwin van der Sar en el festival de Heineken. Hasta ahí, todo iba bien; si no fuera porque el lunes mi ánimo, sin motivo aparente, decayó hasta volverse ese ánimo que tiene uno los días que no se le antoja hacer nada; que, si se me hubiera antojado hacer algo, no me hubiera regresado a tontear en el Twitter.
Fue mi amiga Ferita quien de pronto habló acerca de una idea que a mí no se me había ocurrido (será porque, en el fondo, se me hacía algo demasiado extremo, incluso para mí): que por qué no aventarme un Estibaliazo. Para quién no sepa a qué se refería con el Estibaliazo, ahí les va la anécdota: Estibalis fue una vieja, dizque pintora, cuyo mayor sueño era asistir a la boda de William y Kate. Así pues, esta mujer se puso en huelga de hambre frente a la embajada de Inglaterra, inició una campaña de spam en Twitter para que la gente donara y así ella pudiera comprar su boleto; y, claro, terminó llamando la atención mediática. Me dirán que eso fue absurdo. Pues no. La gente donó para su boleto, y si la regresaron de Inglaterra fue porque se puso loca en el aeropuerto, o algo así, pero de que llegó a Inglaterra, llegó. Así, la conclusión de Feri fue: si se llevaron a Estibalis a Inglaterra, obvio a ti te pueden presentar a van der Sar.
Sonaba fácil. Sonaba aún más fácil cuando Feri le mandó el primer tweet a Tania Rincón, ex-modelo y conductora de algún programa de deportes en TV Azteca. Pues si ella, que es mi amiga, lo hace, por qué yo no. El problema era... yo no sabía a quién mandarle mis tweets. Y, además... necesitaba un plan de ataque.
Jugué diez minutos con la idea de twittearle a uno de los grandes (Joserra, por ejemplo) de una manera muy profesional: pedir una entrevista con el señor Edwin van der Sar (porque a huevo que puedo hacerle una entrevista decente, chingaos). En una de esas, hasta mandar CV, experiencia, preguntas. Sin embargo, tras darle mil vueltas al asunto, desistí. ¿Por qué? Simplemente... los grandes, con capacidad para soltar mejores preguntas o para aprenderse la carrera de van der Sar en un segundo, ¿qué iban a querer de una pobre desconocida con ínfulas de grandeza? Si acaso, me iban a mandar a volar de una patada en el trasero por pretenciosa, o por andar pidiendo chamba por Twitter. Madres. Y seguramente los no tan brillantes de las televisoras igual...
Así pues, recordando los fans de Chespirito que ganaron casa nomás por ser fans, me aventé a hacer lo que se me había sugerido. Después de todo, ¿no aman eso de los sueños cumplidos las grandes televisoras? En la siguiente media hora ya le había twitteado a Inés Sainz, a Toño de Valdés... y no sólo eso, sino que había armado suficientes méritos para que me echaran carrilla (mi jefe ventiló que quiere conocer a Carmelita Salinas y a Lalo el Mimo. Con qué poco se conforma) y aborto de twitstar. Mi amigo Gero, por lo pronto, sí se había quitado la pena y le había twitteado a Joserra. Ferita seguía acosando a Tania Rincón.
¿El problema? Que el Twitter es factor distracción. Después de un rato, yo me había ido a un lado de mi misión para twittear frases interesantes, inspiradas, o para ver el chisme de que a no sé qué actriz le habían encontrado fotos en pelotas. Mientras el tiempo avanzaba, yo, además de estar desesperada y presintiendo que no me iban a pelar, ya había iniciado tres tweet-conversaciones diferentes, y, para colmo, me sentía sarcástica conmigo misma... y muy amargada, porque sí pelan a Estibalis y a mí nunca.
Mi jefe me dijo que mi error era haber actuado como una fangirl loca (¿no lo soy?). Yo pienso que mi error es que, en el fondo, nadie te apoya si no eres belieber, fan del Príncipe William, o de Cristiano Ronaldo. Quién me manda a que mi héroe sea tan poco comercial. Ni siquiera estando en México lo pelan.
Siempre podía haber hecho una huelga de hambre frente a la embajada, como la tal Estibalis, pero yo sí trabajo, y Santa Fé me queda lejos. Además, no me iba a arriesgar a que me cerraran la puerta a Schiphol, el aeropuerto de Holanda, umbral del paraíso terrenal. Dejé la batalla con la cabeza como twitstar... pero la cosa no terminó ahí. No se pierdan la siguiente entrega de esta telenovela.
Fue mi amiga Ferita quien de pronto habló acerca de una idea que a mí no se me había ocurrido (será porque, en el fondo, se me hacía algo demasiado extremo, incluso para mí): que por qué no aventarme un Estibaliazo. Para quién no sepa a qué se refería con el Estibaliazo, ahí les va la anécdota: Estibalis fue una vieja, dizque pintora, cuyo mayor sueño era asistir a la boda de William y Kate. Así pues, esta mujer se puso en huelga de hambre frente a la embajada de Inglaterra, inició una campaña de spam en Twitter para que la gente donara y así ella pudiera comprar su boleto; y, claro, terminó llamando la atención mediática. Me dirán que eso fue absurdo. Pues no. La gente donó para su boleto, y si la regresaron de Inglaterra fue porque se puso loca en el aeropuerto, o algo así, pero de que llegó a Inglaterra, llegó. Así, la conclusión de Feri fue: si se llevaron a Estibalis a Inglaterra, obvio a ti te pueden presentar a van der Sar.
Sonaba fácil. Sonaba aún más fácil cuando Feri le mandó el primer tweet a Tania Rincón, ex-modelo y conductora de algún programa de deportes en TV Azteca. Pues si ella, que es mi amiga, lo hace, por qué yo no. El problema era... yo no sabía a quién mandarle mis tweets. Y, además... necesitaba un plan de ataque.
Jugué diez minutos con la idea de twittearle a uno de los grandes (Joserra, por ejemplo) de una manera muy profesional: pedir una entrevista con el señor Edwin van der Sar (porque a huevo que puedo hacerle una entrevista decente, chingaos). En una de esas, hasta mandar CV, experiencia, preguntas. Sin embargo, tras darle mil vueltas al asunto, desistí. ¿Por qué? Simplemente... los grandes, con capacidad para soltar mejores preguntas o para aprenderse la carrera de van der Sar en un segundo, ¿qué iban a querer de una pobre desconocida con ínfulas de grandeza? Si acaso, me iban a mandar a volar de una patada en el trasero por pretenciosa, o por andar pidiendo chamba por Twitter. Madres. Y seguramente los no tan brillantes de las televisoras igual...
Así pues, recordando los fans de Chespirito que ganaron casa nomás por ser fans, me aventé a hacer lo que se me había sugerido. Después de todo, ¿no aman eso de los sueños cumplidos las grandes televisoras? En la siguiente media hora ya le había twitteado a Inés Sainz, a Toño de Valdés... y no sólo eso, sino que había armado suficientes méritos para que me echaran carrilla (mi jefe ventiló que quiere conocer a Carmelita Salinas y a Lalo el Mimo. Con qué poco se conforma) y aborto de twitstar. Mi amigo Gero, por lo pronto, sí se había quitado la pena y le había twitteado a Joserra. Ferita seguía acosando a Tania Rincón.
¿El problema? Que el Twitter es factor distracción. Después de un rato, yo me había ido a un lado de mi misión para twittear frases interesantes, inspiradas, o para ver el chisme de que a no sé qué actriz le habían encontrado fotos en pelotas. Mientras el tiempo avanzaba, yo, además de estar desesperada y presintiendo que no me iban a pelar, ya había iniciado tres tweet-conversaciones diferentes, y, para colmo, me sentía sarcástica conmigo misma... y muy amargada, porque sí pelan a Estibalis y a mí nunca.
Mi jefe me dijo que mi error era haber actuado como una fangirl loca (¿no lo soy?). Yo pienso que mi error es que, en el fondo, nadie te apoya si no eres belieber, fan del Príncipe William, o de Cristiano Ronaldo. Quién me manda a que mi héroe sea tan poco comercial. Ni siquiera estando en México lo pelan.
Siempre podía haber hecho una huelga de hambre frente a la embajada, como la tal Estibalis, pero yo sí trabajo, y Santa Fé me queda lejos. Además, no me iba a arriesgar a que me cerraran la puerta a Schiphol, el aeropuerto de Holanda, umbral del paraíso terrenal. Dejé la batalla con la cabeza como twitstar... pero la cosa no terminó ahí. No se pierdan la siguiente entrega de esta telenovela.
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